Guille, el joven que salió del potrero de Media Agua al semillero de Argentinos Juniors

 

Guillermo Orellana empezó su historia en los potreros de Media Agua. Hoy la está escribiendo en el Semillero del Mundo. Y todo indica que los capítulos más emocionantes todavía están por venir.

Por Káren Cortéz

El fútbol argentino tiene una habilidad única para encontrar diamantes en los lugares más inesperados. Desde las canchitas de tierra del interior hasta los grandes estadios del país, hay una ruta invisible que recorrieron Maradona, Riquelme, Cambiasso y tantos otros. Hoy, un pibe de 16 años nacido en Media Agua, en el departamento Sarmiento, está intentando transitar ese mismo camino. Se trata de Guillermo Orellana y desde hace unos meses viste los colores de Argentinos Juniors, el histórico club de La Paternal conocido en todo el mundo como el Semillero del Mundo.

Detrás suyo hay una familia con ADN deportivo. Su madre, Mabel, lleva años ligada al vóley, y su padre tiene un vínculo cercano al pádel. Pero el lazo más especial con el fútbol viene de más lejos: su abuelo, Remigio Orellana, vistió la camiseta de Central Córdoba de Santiago del Estero en la Primera División durante la década del 70. Un legado familiar que Guillermo lleva con orgullo y que, de alguna manera, parece marcarle el rumbo.


Su amor por la pelota nació en casa, creció en las escuelitas de fútbol de San Juan y lo llevó a recorrer clubes como General Belgrano, Juventud Unida y Carpintería, donde fue forjando su carácter y su estilo. En ese camino, dos entrenadores dejaron huella: Ariel Poblete y Carlos Aldeco, piezas clave en su formación durante los años más importantes de su desarrollo.

La puerta hacia Argentinos se abrió gracias a Ernesto Malla, quien contactó a la familia para contarles sobre unas pruebas que realizaba la institución. La oportunidad apareció y Guillermo no dudó. Mudarse a Buenos Aires, adaptarse a una rutina profesional exigente y alejarse de los suyos no fue sencillo, pero el contacto permanente con su familia hizo más llevadera la distancia.

Guillermo integra la categoría 2010 del club porteño y entrena cada día con un objetivo claro: convertirse en futbolista profesional. Se desempeña como volante por derecha y reconoce que lo que más le costó al principio fue adaptarse a la intensidad del trabajo físico. Sus días transcurren entre doble turno de entrenamientos, trabajo táctico intenso y el aprendizaje constante que implica competir en uno de los clubes con mayor tradición formativa del país. Hoy siente que cada sesión lo acerca un poco más a su sueño.

Sus ídolos son Messi, Maradona y Neymar, tres jugadores que encarnan lo que él quiere ser: creativos, determinantes, capaces de cambiar un partido con una jugada. Aunque sabe que el camino es largo y que nada está garantizado, tiene muy en claro hacia dónde va. Su sueño es llegar a Primera División en un club importante y vivir del fútbol.



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